Make your own free website on Tripod.com

 

MESA PARA UNO.

Por FRANCISCO ATRISTAIN GUTIERREZ.

 

            Cuando caminamos por los iluminados pasillos de un supermercado, acompañados solamente por una fiel, fría y silenciosa amiga llamada sombra.,  todo se vuelve gigantesco y desconocido. Mientras caminamos empujando a un carrito hambriento de ser llenado con diferentes productos, vemos a  la demás gente que también escogió el mismo día para consumir en el mismo lugar.

 En la sección de frutas y verduras se ve a una feliz pareja de extranjeros, sonriendo cuando hablan. Me pregunto como es vivir una vida como la de ellos. Una pareja en donde el uno es igual de importante como el otro y sin uno de estos,  no existirían como tal. Frente a mí pasa una familia. El hijo menor le pide a su padre que le compre el nuevo cereal de “Mickey Mouse”. Entonces empiezo a imaginar cuando yo era chico, y como le pedía a mi papá que me comprara algún capricho mío.  Al salir de mi memoria, sigo caminando acompañado por mi fiel amiga, y entonces me viene un pensamiento que quisiera compartir con alguien, pero sólo lo puedo retener, ya que no llevo compañía  a un lado de mi carrito.

Cuando finalmente llego al pasillo en donde se encuentra el último producto en mi lista, me percato que lo que necesito comprar es demasiado grande y  que caducaría con facilidad en mi alacena. ¿Qué les pasa a esos tipos que deciden el tamaño de los productos que consumimos?. Solamente venden productos de tamaño familiar o si no, vienen unidos dos o más productos en un mismo empaque. Pan Bimbo tamaño familiar. No se acabará antes de caducar en la despensa de alguien que compra solamente para él y su sombra.

Carne molida empaquetada en recipientes de más de 500g. Si la cocino toda, se echará a perder dentro de mi refrigerados antes de haberla comido toda.

Las sopas “Campbell´s” o “knorr” que vienen en sobre, pero como era de esperarse, para cuatro personas. ¿Y si eres sólo una y quieres disfrutar de esa sopa, que aparte de ser fácil de preparar, es sabrosa?, ¿tendré que comer de la misma sopa por cuatro días? Tiene un buen sabor, pero no creo poder tolerar la misma sopa por tantos días. ¿Qué, los tipos que planean los empaques de los productos, nunca han pensado que existen solteros, estudiantes foráneos, ejecutivos que tienen que vivir en la ciudad por más de un mes, etc.?

La soledad es como una terrible enfermedad, que a todos nos a dado y que todos esperamos que si nos vuelve a dar no sea para siempre.

Cuando estamos solos, los lugares se hacen más amplios y fríos, no tenemos a quien culpar de algo mas que a nosotros mismos, los sonidos que provienen del exterior se hacen más desconocidos y temibles. Nos encontramos con nosotros mismos. Nuestro cuerpo se divide en 3 partes: Mente, Cuerpo y Sombra.  Cuando se nos ocurre algo, nuestra boca se lo comenta silenciosamente a nuestra mente. Nuestro cuerpo encuentras sus mayores vicios y deseos. Y nuestra sombra, solamente nos imita con una expresión jónica que cuando la vemos, le tememos hasta a nosotros mismos.

Al padecer de esta terrible enfermedad, uno se encuentra consigo mismo. En ese momento de introspección nos damos cuenta de que tan buenas personas somos, y de que tan endemoniados, podridos, viciados, asustados y perdidos estamos. Esto no le sucede solamente a personas como “Sy” (interpretado por Robin Williams en la película “retratos de una obsesión” de Mark Romanek), aquél empleado del supermercado, encargado del área de revelado de fotografías. O a personas como Martín Santomé, el personaje principal en la novela “La Tregua” de Mario Benedetti. No , nos sucede a todos en varios momentos de nuestras vidas, y nos sucede de manera diaria en ese momento de desnudez de palabras y sonido, en el momento donde no vemos la luz, en donde somos agresivamente atacados por ideas y pensamientos,  en el momento donde nos preparamos tendidos horizontalmente para descansar. Antes de dormir. Ahí es donde continuamos el proceso de conocernos mejor a nosotros mismos, donde descubrimos quiénes somos realmente, sin máscaras; y es ahí cuando ese miedo a hablar con nosotros mismo brota y evitamos al momento con el método más cobarde: el sueño.

Cuando estamos solos, esa abertura que queda entre las dos cortinas de una ventana en la noche, hace volar nuestra imaginación creando miedo, curiosidad, inquietud, etc.  Podemos llorar en medio del lugar, bajo el foco más luminoso, podemos conquistar al mundo y llegar a lugares a los que nunca hemos ido jamás con tan sólo echar a volar nuestra imaginación.

Dentro de las manos de la soledad, es cuando nos percatamos de nuestra mortalidad y de la mortalidad de nuestros seres queridos. Cuando un ser querido muere, como lo describe E. Allan Poe en el cuento de Eleonora, “las flores que parecían estrellas se marchitan, en lugar de los asfoledos color rubí, brotan oscuras violetas parecidas a ojos que se retuercen angustiosamente”. Pero siempre nos queda el consuelo de que nuestra Eleonora también velará por nosotros después de su partida cuando se entregue a los seductores brazos de la muerte.

Es bueno un momento a solas con nosotros mismos para reflexionar acerca de nuestras vidas, pero la soledad es un vacío en la vida, un camino circular que sólo nos regresa a nosotros mismos.  Es el peor de los sentimientos. Es como ir solo al cine en un día de “premiere”. Es como entrar a un buen restaurant lleno de gente, donde cada persona comparte su tiempo comiendo con otra que le hace compañía, y cuando la recepcionista se acerca a nosotros, decimos: “mesa para uno por favor”.

            Referencias bibliográficas:

  1. 1.       Historias Extraordinarias. Edgar Allan Poe. Editorial Bruguera, S.A., 1973
  2. 2.       Retratos de una obsesión. Mark Romanek, 2002.
  3. 3.       La Tregua. Mario Benedetti. Punto de lectura, 2001
  4.